Detrás de cámara...


Relato genial de la amiga Manuela López Corral de la noche post presentación de Bardo, en recorrida por el mejor bar de la ciudad, lo de Aníbal. Una buena excusa para pasearse por su blog manuelísima y las exageradas...



por Manuela
La noche había sido todo lo que esperábamos, hasta que fuimos a lo de Anibal.Iba todo bien: las luces de la sala eran perfectas, dirigidas hacia donde las necesitaba para que las sombras y los tonos y los fondos de las fotos dijeran lo que quería que dijeran. La escenografía era maravillosa también, tan acorde a ese pasado resucitado, reformulado, nostalgioso. El espacio dividido en tres: la zona de recite, la zona del show musical, la zona de presentación, y Dubin con la copa de vino en la mano, que iba y venía entre los tres espacios cada vez más ebrio y amoroso. Un hombre maravilloso gritó desde su butaca, desde lo oscuro de las butacas de arriba que él también tenía un libro, que Dubin no se iba con las manos vacías.

Pero no se hubiera convertido en la historia que hoy, tanto después recordamos, que se ha convertido en mito, si cuando salimos, cuando ya quedábamos los firmemente decididos a emborracharnos (para que la noche no quedara así) desbandados, no hubiéramos ido hacia lo de Aníbal. Cómo contar cómo es lo de Anibal. Con ese antro fantástico perdido para siempre, se hace difícil describirlo a quienes no lo conocen. Un entrepiso de madera blanca le abajaba el techo. Detrás de la barra de zinc en L supo haber un tiempo un televisor viejo de caja símil madera con las carreras de caballos, los parroquianos asomados y cagándose de risa, a los codazos, las manos apoyadas en el hombro del otro, hablándose cerquita de la cara. Sobre el fondo la luz fluorescente de la cocina, azulejos blancos/ocre y a un lado el horno pizero. Aníbal, pelo blanco engominado hacia atrás, guardapolvo manga corta celeste, semisonrisa en los labios y los ojos más galanes más celestes que pudieras mirar. A media cuadra de gobernación. Me pregunto cómo sería el tipo cuando se ponía bravo. Para manejar un lugar así, tenés que ser bravo. Se manejaban códigos ahí adentro que nunca conocí. Todos sabíamos que estaban, pero a nosotros, a los turistas universitarios que nos juntábamos ahí para hacernos populares, a nosotros siempre nos trataban polite. A Aníbal, si alguna vez se puso bravo, nunca lo ví, la semisonrisa siempre.
Esa noche éramos muchos, cerca de quince. Nos acomodaron una mesa atravesada a lo largo del salón. Nos vimos forzados a dividirnos entre la hinchada de universidad de chile de adelante y los paraguayos del libertad de atrás. Cerveza piza, qué buenas pizas dijo alguien sin saber que el aspecto del boliche no tenía nada que ver con la calidad de la piza. Dubin pidió pepsi para la mujer ¿light tenés? y el mozo ¿hijo de Anibal? se disculpó, buen muchacho, en vez de reírsele en la cara.
Tanto tiempo después los recortes de la noche son los que se grabaron. Flavia, reina de corazones sentenciaba que lo manden al sicólogo. Hablamos klingon saludamos en vulcano declinamos élfico. Esa misma noche ideamos un artículo sobre Harry Potter la creación de nuevos lectores y el consumismo. Esa noche, los tango villero regalaron unos temas, en un momento, a pedido del homenajeado, pelaron las guitarras y pidiendo permiso a Aníbal, cantaron dos tangos que los parroquianos de la barra seguían haciendo mímica y chistando a los paraguayos que habían quedado atrás y que miraban a los gritos videítos en el celular. CHssT. Ahora con su permiso vamos a hacer una que sepan todos. Y coreamos, borrachos como estábamos, una cumbia villera de los pibes chorros al son del tango y que ya ni me acuerdo cuál era. Un tipo grandote, campera de cuero tachas y toda la parafernalia de un buen arquetipo tomaba una imperial con la novia y cantaba emocionado rockeándola con la cabeza encrestada, rapada por los costados. Después se nos vino a la mesa un tipo desdentado de arriba y con los dientes curvadísimos de abajo, el pelo blanco medio largo y algo rojo puesto, un chaleco creo, arriba de la camisa. Nos pidió permiso porque él también quería a su humilde modo cantarnos un tango a capella. La sonoridad inesperada que sacaba ese tipo, la mitad del comedor la suplía con gesticulaciones. Cantaba bien. Un rato después nos vino a recitar un poema a las chicas, y como había revuelo porque algunos de nosotros se iban, le interrumpían el recitado, nos saludaban por el medio, se enredó y terminó recitándonos un poema que nos repartía a Flavia, a mí, y al gaucho Dubin (a quien mirándo a los ojos le dijo emocionado mañana te querré). Siempre me pregunto cuánto habrá de burla en esto que hacemos de ir a lo de Aníbal, cuánto de morbo, cuánto de curiosidad o de pertenencia genuina a esos submundos de tipos que te miran un poco con recelo y después de un rato se te sientan a la mesa a contar que esa noche habían ido a la trastienda y que todo cuarenta, a cantarte un tango, a reírse un rato. Me pregunto si no es eso mismo lo que hace que Dubin escriba de esos tipos, que los ubique dentro de su mirada, que los lleve a otros lugares. Esa noche, de la que nadie había hablado hasta ahora, tanto tiempo después, de la que pocos supieron, los que estuvimos ahí, los que estuvieron y nada de nosotros les importa, fue todo lo que tenía que ser, un poema más de Dubin, desdentado, curda, cercano.
Después me fui, pasé caminando por esa zona tumbera que se solía armar ahí los findes a la noche, a media cuadra de gobernación, con los pibes que iban a un boliche cabeza, por la plaza sanmartín, y por la 7, hasta que conseguí un taxi. Me fui curda, como correspondía, pero sin quebrar. De vuelta en el taxi incluso pude conversar con el chofer haciéndole notar lo concurridas que estaban las calles. Sí, me contestó, parece que mañana es feriado. Le sonreí, le pagué me bajé del taxi deseándole buena noche. Mañana ya era 25 de mayo, nublado y patrio, como tenía que ser.

ayer Bardo!


“A las piñas con la poesía”, una crónica de Info Limbo sobre la presentación de Bardo.

A Mariano Dubín se lo ha comparado con un peleador, una especie de boxeador de la nueva poesía que, desde La Plata, intenta atrapar la mirada del público literario. Lo cierto es que fuimos a la presentación de su nuevo libro:"Bardo" editado por Pixel, una editorial platense independiente nacida en 2009 que ya lo venia tratando desde su segundo libro "La razón de mi lima".



La noche comenzaba cuando con un compañero de la redacción decidimos ir a visitar a Dubín y su nuevo libro. Fuimos sorprendidos para bien por este escritor, mezcla de un Bukowski criollo ,un peleador callejero ,un pibe de tolosa que intenta patear en la plaza y escribir , por qué no, con el mismo lenguaje que los que usan gorrita y zapatillas deportivas.


Lo acompañó musicalmente Tango Villero, el dúo capitalino Juan Cinza-Abel Bazán que presentó temas de su disco "Corta la bocha", y también desde las palabras: Juan Bautista Duizeide y José María Pallaoro ilustraron vivencias y emociones hacia el autor de "Bardo". A pesar de lo marginal que suenan sus poemas, Mariano no es un wachiturro ni mucho menos. pero por momentos, nos hace sentir rodeados de esos personajes, borrachos de barrio, matones de esquina y plaza. Putas, cigarros y nocturnidad. Berisso, Tolosa. Dubín nos atosiga, nos alborota con su lengua picante de tanto tinto. Qué bueno leer o escuchar poesía y transportarse tan fácil. Qué bueno que alguien registre las voces de los que no tienen poesía. Qué bueno, Dubín, donde estás parado. Sinceramente anoche dormí contento.



Atahualpa Yupanqui


Se cumplen 20 años de la muerte de Atahualpa Yupanqui. Aprovecho ese detalle para arrancar hablando de su poesía en lo que será una columna semanal en el programa de radio RAP (los miércoles desde las 10:45) que sale por FM Futura 90.5 (se puede escuchar en http://www.fmfutura.com.ar/). Vamos a chamuyar sobre lo que significaron los viajes en la poesía del Don Chavero, y relataré su estadía en Entre Ríos. Dejamos para la siguiente programación su obra mayor El payador perseguido.

Para conseguir Bardo en La Plata:

Librería La Campana // Calle 7 e/ 58 y 59.
Librería Giroloco// Plaza Italia e/ 7 y Diag. 77.
Librería Capítulo II // Calle 7 e/ 47 y 48.
Librería Vonnegut Libros // Diag. 74 e/ 5 y 6 Nº 1054.
Librería Rayuela // 44 Nro. 561 e/6 y Plaza Italia.


En Capital Federal:

Librería La Libre. Bolívar 646, San Telmo.


Por Web

Pixel Editora // identidad_pixel@hotmail.com (Entrega a domicilio).


Viernes 4/5 en el Pasillo de las artes

Este viernes a partir de las 21 estaré recitando Bardo en el Pasillo de las Artes en 6 entre 62 y 62. Seré presentado por la compañera Iciar Recalde y después habrá música con Juan Cinza y sus tangos villeros y la banda nacional y popular Tercera Posición. Por otro lado, la Iciar está lo suficientemente incorregible con su peronismo que me incluyó en el seminario que da de literatura argentina, en la última unidad, llamada Perón Vuelve.

No Retornable es una revista que dirige la escritora Sol Echevarría. Ya salió su número 11, donde escribí una reseña sobre Kryptonita de Leo Oyola.


otras glosas del gaucho y sus aparceros


El Gaucho!, también conocido en otras señas como Valentín Romano, es un gran poeta de viyurca, rioba porteño. Alguna vez subí al blog una glosa que escribió en sextinas y redondillas sobre La razón de mi lima.



El gaucho! es el coordinador de la Rueda de Poesíanimación del Taller Poesía Viva en el Hospital Alvear. Ahí, según mentas del poeta, en el hall de consultorios, contiguo al comedor del edificio nuevo, con los participantes y poetas Sorcha, Andrea, Malena, Gustavo, Susy, Fernando se escribieron algunas glosas literarias sobre mis poemas de Bardo. Es una construcción grupal:

soy un ser humano… siento / toco / me gusta dar afecto como recibir
‘ta muy lindo
está bueno eso de: no aprendí geografía en la escuela / aprendí en la calle
tiremos palabras al aire / decís
no sé cómo decir
yo quiero ser humano / ¡basta de hincharme las pelotas! Con sus máquinas / juguetes / tonterías y pavadas
no / yo no sé qué decir / porque no sé a lo que querés llegar
para languidecer en tu mirada de infinitos suspiros
sííí
em / la geografía está afuera / en la vida / la pasión / el sentir / es como la arquitectura del verso… que se expande en la calle
me trabé
aquí somos más vulnerables…
“la poesía es un arma cargada de futuro” (Gabriel Celaya)
Sale al ring el compañero Tavernini con su broli "Prolemario". 
Hay poemas que uno los agarra y siente ahí nomás dónde fueron escritos. Siente la tierra, el olor, el lugar. Con Prolemario pasa eso: uno se imagina a Tavernini tirado en la cama de una pensión cualunque escribiendo, leyendo, escribiendo, mateando, pensando en alguna mina, volviendo a escribir, escuchando al peruano de al lado que le grita que baje la radio, al correntino que habla por celular con la chinita que lo espera allá lejos, y vuelta a escribir, a cambiar la yerba, a escribir…
Tavernini escribe en la promiscuidad de voces de las pensiones platenses. Conventillo de estudiantes pobres, es la locura de las formas de hablar el español. Ahí el autor elabora la poesía para resolver esas palabras que se transforman en las proles de todo Latinoamérica; como dice el mismo autor: “proles de la calle, proles de amor, proles de la naturaleza, proles académicas. Todos se mezclan para dar vida a este libro”.
Sin embargo, Prolemario no es un poemario feliz. Está escrito desde la humedad y el olor sucio, de aceite concentrado, de ollas nunca lavadas o mal lavadas de las pensiones. Por eso busca como epígrafe la voz del Negro Cele, del Kid Cele, que arremete con su poesía, entra y sale: “Porque quise mucho, porque me engañaron” o como dice nuestro poeta: “Todo se rompe en las pensiones / (típico de vidas nostálgicas)”. Acaso sea una forma de atajarse; el mismo autor argumenta que es la búsqueda de un origen. Tal vez, mejor, sea la búsqueda de una voz. Y Tavernini la encuentra: Prolemario le encaja, le sale su voz propia. 

Bardero

pego una nota sobre Bardo del diario Diagonales :


“Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio” aseveraba García Lorca. En Bardo (2011, Editorial Pixel) las palabras se unen, asocian y disocian caótica e irreverentemente, honestas y brutales; meten púa en el estómago del verbo, disparan como chumbo caliente, punguean versos a la calle, se agitan como ríos de sueñera y barro, de barrio y pampa. En Bardo, el primer misterio a desentrañar es cuál de todos es su autor, Mariano Dubin: ¿el judío errante o el púgil tolosano? ¿El gaucho perseguido o el villero de clase media? ¿el “blanquitogordo” que usa anteojos o el Enrique Santos Rimbaud de mostrador? “Qué divertido es ser un rato quien no soy”, escribe este profesor en letras y autor de Con los pasos de la mala vida (2006) y La razón de mi lima (2009), que al completar la trilogía decide divertirse -no sin sangre y pluma- siendo todos a la vez: como el bardo, lleva y trae elementos de diversos universos, cambalacheando sin perder coherencia versos que destilan urgencia y éxtasis, ideología y heterodoxia. “San Martín/ escribió en el paredón/ declaró la guerra a todo el Imperio/ era otra vez correntino y villero./ compañeros la guerra se la haremos/ así curtidos/ sin dinero/ si no tenés pelotas para curtirte/ por tu patria/ tómatela/ que vienen los tiempos/ de los que tienen el/ odio engordando/ sus venas.”Bardo comienza así: tras la primera campanada, golpea frenético con el ímpetu del retador por el que nadie da un mango y con el orgullo del que se para de manos en una esquina. Como bardo, Dubin bardea y si “los libros no mienten”, se la banca. 


-La palabra bardo asume en tu libro más de una acepción, ¿no? 
-Bardo sintetiza mi manera de pensar la poesía… por un lado yo busco una poesía épica, que cante y cuente; que se relacione a la narración, a breves historias. Ahí están los poetas que me gustan: José Hernández, Leónidas Lamborghini, Atahualpa Yupanqui, Enrique Santos Discépolo… obviamente, los letristas de tango, de chamamé, de cumbia villera… los grandes cronistas de nuestro mundo popular. Por eso la idea de bardo, la de los antiguos juglares que iban de pueblo en pueblo contando las nuevas… pero también bardo porque la poesía, inevitablemente, tiene que hacer ruido. No es una descripción, como el noticiero o el paper universitario, que establece un estado de la cuestión; la poesía, antes que nada, como entendió Bartolomé Hidalgo hacia 1810, tiene que ser políticamente revulsiva, tiene que ser la voz del pueblo hecha trinchera, tiene que ser bardo al estado de la cuestión; no tiene que definir sino todo lo contrario, destruir las categorías con que nos enseñaron a ver el mundo. 

-La obra se alimenta de los recursos verbales totalmente coloquiales, suburbanos, orilleros y villeros. ¿Eso nace de una familiaridad, de una fascinación o un manifiesto? ¿Las tres cosas quizás?
-Mi poesía tiene un origen geográfico claro: de la plaza del Carmen en Tolosa al Churrasco. En ese pequeño radio descubrí la originalidad, digámosle para ponerle un nombre, de la lunfa villera. Ahí descubrí a los letristas de cumbia, que cambiaron mi percepción de la poesía: Pibes Chorros, Meta Guacha, Flor de Piedra… algunos poetas hacen, de cierta manera, un trabajo antropológico; investigan la voz del pueblo: Atahualpa con la voz andina, Lorca con la andaluza gitana, Discépolo con la rioplatense, Nicomedes Santa Cruz con la afro peruana… pero a diferencia del académico que todo ese mambo lingüístico y cultural lo busca traducir a categorías burguesas, occidentales, el poeta lo regresa a la calle, mezcla su voz con las voz del resto, no lo convierte en algo muerto para ser leído en las morgues del conocimiento, le da vida para ser parte del mambo. 

-Ocupa un lugar importante el humor, como un recurso para abordar tópicos densos… 
-Totalmente. La izquierda la pifia con el realismo socialista, el neorrealismo y otras formas del aburrimiento. Uno aprende el humor en la calle, en el barrio. Yo no voy a regalar mi risa, porque no es una risa idiota, es la risa que se quiere comer al mundo, que se burla de lo que dicen que es la cosa seria: la propiedad privada, los héroes de salón, la academia... Con la risa nos vamos a comer al mundo y cuando un chamamé sea himno nacional me voy a reír mucho de que todo haya sido una gran broma criolla… 

-“Me dijo/ que era el mundo poco redondo/ dentro de sus ojos,/ y conoció/ en un vino de cartón/ todo el amor a nuestra nación.” La Patria es uno de esos tópicos y tu intención parece ser la bajarla del cuadrito del aula, de la bandera planchadita: es un territorio conflictivo, complejo y apasionante ¿no?
-La patria, en general, es lo que queda por fuera de la escuela. Hay más patria en Sentimiento villero de los Pibes Chorros que en un paquete que va a hablar de Rosas o Belgrano a la televisión. A mí me interesa la patria donde se habla toba y guaraní, la patria de la esquina, la patria de los laburantes. Yo me eduqué ahí; ahí tuve los grandes maestros de mi vida. Entre ellos mi abuelo Rogelio, un criollo viejo, que tuvo la salud de no haber tocado un aula en su vida y morir a los 94 años sin saber leer ni escribir pero con él, en caminatas largas por los campos, entrando al monte para cazar una vizcacha, aprendí la sabiduría de mi pueblo: coplas, refranes, cuentos. Esa es mi patria. 

-Con Bardo cerrás una trilogía. ¿En qué se asocian esos tres libros? 
-Hay gente que habla del siglo XIX y dice Balzac, la Modernidad, la ratio occidental pero para mí el siglo XIX es José Hernández escribiendo contra la guerra del Paraguay; la resistencia mapuche contra el Estado oligarca. Yo creo que ahí está lo original nuestro, en esa búsqueda de la palabra propia que nace con Bartolomé Hidalgo que postula que en las voces de indios y criollos está lo nuevo. La estética es la manera propia de los pueblos de sentir el mundo. No hay estética universal, porque no hay una forma única de sentir la muerte, la envidia, el dolor, la traición… 

-Decís que la poesía es una experiencia. ¿es una de ellas en las que no se sale ileso? 
-Leer es siempre comprometer el cuerpo. En Bardo están mis preferencias: los poetas lunfardescos (Carlos de la Púa, Gandolfi Herrero); Marcial, Catulo, también otros poetas antiguos; Villon, Quevedo; también Lorca, Nicomedes Santa Cruz, la gauchesca; no sé, son un conventillo de influencias… bueno, uno escribe, también, para digerir esas influencias, para que no lo destruyan, para no convertirse en un Quijote de esas lecturas; como uno no puede ser todos, escribe, para incorporarlos, en una práctica chamánica, antropófaga, que es inventarse la voz propia con la voz de los muertos, de los otros, de los que envidia por fuerza, por poder, por inteligencia… de este asunto nunca se sale ileso, y si se sabe eso, ya se tiene lo mínimo para empezar a patear el camino.








Alcides Gandolfi Herrero, uno de los bardos en los que Dubin dice encontrar la huella que me explica, tituló a su poemario Nocau lírico. La contundencia y la sorpresa de tal imagen tendría su correlato en la biografía del poeta: boxeador durante 14 años, campeón de la categoría liviano. A Dubin no se le conocen antecedentes pugilísticos. ¿Se tratará de un peleador callejero? Su nariz no parece de las que han aguantado muchas piñas. Pero en sus versos se suceden las relaciones de combates sin cuadrilátero, cuerdas ni jurado. De puro guapo. Contra una gorda enrulada, contra la mujer que lo llama vago porque no entiende su necesidad de mate, pantuflas y quien le caliente las piernas, contra guachos bravos en serio que le dan sin asco. Pero sobre todo, y no sin humor, Dubin la emprende a poéticos trompazos con las contradicciones que lo atraviesan. Un santo en un malón dantesco, un burgués triste, un héroe de la clase obrera, el héroe de las trolas tristes, uno que quiso ser Rimbaud se suceden, entre otros, por los versos. ¿Y cuál de todos era yo?, se pregunta el poeta. Un judío errante no sólo de los territorios -el centro, la academia, los barrios, la Isla Paulino, la zona roja, las niñas putas de la alta clase universitaria-, sino sobre todo un errabundo del lenguaje. Los cielitos patrióticos, la gauchesca, el lunfardo, el Siglo de Oro, el tango, la cumbia villera. No hay fusión entre esos vocabularios, hay puro choque. Y los versos son las batallas en las que el poeta ha combatido. Él es esas luchas, esas palabras insumisas, este Bardo.

Juan Bautista Duizeide